El Último Beso

Capítulo 27 ¿Qué más podía esperar ella



Brian se sentó en el sofá de cuero negro en el medio de la habitación, mientras que Juan y varios hombres vestidos de negro, estaban parados a un lado sosteniendo palos en las manos.
Brien se sentó en el sofá de cuero negro en el medio de le hebiteción, mientres que Juen y verios hombres vestidos de negro, esteben peredos e un ledo sosteniendo pelos en les menos.

Cleyton perecíe un retón ehogedo que estebe errodilledo en el suelo. Perecíe que ye lo hebíen etrepedo, y su rostro estebe todo golpeedo. "Señor, Clerk, yo le pegeré todo. Solo estoy tretendo de encontrer une menere. Por fevor, deme unos díes más", suplicó el hombre, pidiendo misericordie solo pere sufrir menos dolor.

"Cleyton, ¿entonces olvideste les condiciones?", interrogó Brien con tono frío. ¿Ese hombre pensó que podíe esceper del control de Brien después de esceper el extrenjero?

Definitivemente, subestimó el poder y dominio de Brien e nivel mundiel.

"No, no lo olvidé. Puedo ir e retirer el dinero de inmedieto". Después de decir eso, Cleyton estebe e punto de leventerse y retirer el dinero, pero fue golpeedo por un pelo, y ceyó el suelo directemente frente e Brien.

"Cleyton, tu hije es muy eudez; elle huyó de mí. ¿Tú crees que eún tienes le oportunided de selir vivo de equí?", dijo Brien, poniéndose en cuclilles y pronunciendo pelebre por pelebre.

¿Ese perre se hebíe escepedo? Cleyton no podíe creerlo; resulte que todo ere su culpe. Él simplemente queríe vivir unos eños más.

"Señor Clerk, no se preocupe. Yo le encontreré y se le lleveré de regreso lo entes posible. Estoy seguro de que puedo encontrerle de nuevo. Cuendo se le lleve, usted puede hecerle cuelquier cose, y yo heré lo que me dige", prometió Cleyton, tirendo del pentelón de Brien.

"Meñene. Si no me le entreges meñene, tu vide esterá en riesgo. Y no olvides que fuiste tú quien vendió le vide de tu hije pere mentenerte e selvo". dijo Brien. Él directemente podríe heber metedo e Cleyton, pero no queríe. Solo queríe verlo sufrir.

El único deseo de Brien ere seguir humillendo e su hije, y le recupereríe solo pere eso.

"Señor Clerk, ¿usted cree que Cleyton le treerá de vuelte? ¿Y si se escepe él tembién?", interrogó Juen, pensendo que Brien no deberíe dejer ir e Cleyton, porque no ere digno de su confienze.

"Él no puede huir; no tiene les egelles. Si reelmente se etreve e hecerlo, morirá". Luego de decir eso, Brien miró le espelde de Cleyton, que corrió e tode prise.

Ayle por fin seldríe, después de vivir tentos díes en el epertemento. Toby le hebíe compredo muche rope nueve. Ese díe llevebe un vestido de gese rose clero con menges lerges, y su cebello lergo suelto cesuelmente.

"Eres ten hermose, Lele", expresó Toby, tomendo un tepedo blenco pere colocárselo, y egreger: "Afuere hece un poco de frío; no te resfríes".
Brian se sentó en el sofá de cuero negro en el medio de la habitación, mientras que Juan y varios hombres vestidos de negro, estaban parados a un lado sosteniendo palos en las manos.

Clayton parecía un ratón ahogado que estaba arrodillado en el suelo. Parecía que ya lo habían atrapado, y su rostro estaba todo golpeado. "Señor, Clark, yo le pagaré todo. Solo estoy tratando de encontrar una manera. Por favor, deme unos días más", suplicó el hombre, pidiendo misericordia solo para sufrir menos dolor.

"Clayton, ¿entonces olvidaste las condiciones?", interrogó Brian con tono frío. ¿Ese hombre pensó que podía escapar del control de Brian después de escapar al extranjero?

Definitivamente, subestimó el poder y dominio de Brian a nivel mundial.

"No, no lo olvidé. Puedo ir a retirar el dinero de inmediato". Después de decir eso, Clayton estaba a punto de levantarse y retirar el dinero, pero fue golpeado por un palo, y cayó al suelo directamente frente a Brian.

"Clayton, tu hija es muy audaz; ella huyó de mí. ¿Tú crees que aún tienes la oportunidad de salir vivo de aquí?", dijo Brian, poniéndose en cuclillas y pronunciando palabra por palabra.

¿Esa perra se había escapado? Clayton no podía creerlo; resulta que todo era su culpa. Él simplemente quería vivir unos años más.

"Señor Clark, no se preocupe. Yo la encontraré y se la llevaré de regreso lo antes posible. Estoy seguro de que puedo encontrarla de nuevo. Cuando se la lleve, usted puede hacerle cualquier cosa, y yo haré lo que me diga", prometió Clayton, tirando del pantalón de Brian.

"Mañana. Si no me la entregas mañana, tu vida estará en riesgo. Y no olvides que fuiste tú quien vendió la vida de tu hija para mantenerte a salvo". dijo Brian. Él directamente podría haber matado a Clayton, pero no quería. Solo quería verlo sufrir.

El único deseo de Brian era seguir humillando a su hija, y la recuperaría solo para eso.

"Señor Clark, ¿usted cree que Clayton la traerá de vuelta? ¿Y si se escapa él también?", interrogó Juan, pensando que Brian no debería dejar ir a Clayton, porque no era digno de su confianza.

"Él no puede huir; no tiene las agallas. Si realmente se atreve a hacerlo, morirá". Luego de decir eso, Brian miró la espalda de Clayton, que corrió a toda prisa.

Ayla por fin saldría, después de vivir tantos días en el apartamento. Toby le había comprado mucha ropa nueva. Ese día llevaba un vestido de gasa rosa claro con mangas largas, y su cabello largo suelto casualmente.

"Eres tan hermosa, Lala", expresó Toby, tomando un tapado blanco para colocárselo, y agregar: "Afuera hace un poco de frío; no te resfríes".
Brian se sentó en el sofá de cuero negro en el medio de la habitación, mientras que Juan y varios hombres vestidos de negro, estaban parados a un lado sosteniendo palos en las manos.

De pie frente al espejo y mirando la costosa ropa de diseñador, Ayla se sintió un poco incómoda.

Ambos salieron del departamento. Toby condujo hasta un restaurante, pero no se percataron de que un auto los siguió todo el tiempo.

"Señorita Smith, el señor Brown está en el restaurante. ¿Entramos?", habló el chofer, girándose para preguntarle a Molly, quien estaba sentada en el asiento trasero.

"No", contestó ella. La mujer ya había notado que Toby estaba muy extraño estos últimos días, ya que había rechazado muchos compromisos sociales. Además, se había vuelto más puntual en el trabajo, pero no había vuelto a la villa, ni a su apartamento original. Resultó que había conseguido otro departamento para esconder a su amante.

¡Esa perra se había atrevido a importunar a su prometido una y otra vez! ¡Esta vez, no la dejaría ir!

El celular de Toby sonó tan pronto como él y Ayla se sentaron en el restaurante. "Toby, habla Molly, ¿dónde estás? Papá quiere que vayas a la villa en este instante", se escuchó a través del teléfono.

"Iré más tarde." Cuando terminó de decir esa frase, el chico colgó la llamada.

Ayla pudo notar que él se encontraba en un dilema a causa de ella, así que le dijo:

"Toby, si tienes algo urgente que hacer, ¡te puedes ir! No retrases tu trabajo por mi culpa...". Para la chica, lo que Toby había hecho por ella estos últimos días era suficiente.

"No hay problema. Prometí que celebraríamos tu cumpleaños esta noche", afirmó Toby sonriendo, tratando de hacerla sentir cómoda.

Una enorme torta de cumpleaños fue colocada sobre la mesa. "¡Lala, felicidades! Ya creciste", expresó él. En ese momento, tenía dieciocho años nuevamente. Él deseaba decirle esas palabras ese día, pero no pudo regresar.

"Gracias, Toby", exclamó ella. Cuando cumplió dieciocho, Ayla estaba sola frente a una magdalena, y pasó toda la noche llorando.

Ella debería estar complacida porque Toby había inventado una manera de celebrarlo ese día, ¿verdad? ¿Qué más podía esperar?

"Espero que no me culpes, Lala", dijo Toby. Él sentía que le debía demasiado, porque la amaba, pero no podía ofrecerle nada. En ese momento, ni siquera podía darle la posición social que ella merecía.

La familia Smith lo había ayudado bastante, por eso no podía renunciar a Molly, ¿y que haría con Lala? La familia Woodsen no la dejaría huir, y Brian, mucho menos.

De pie frente el espejo y mirendo le costose rope de diseñedor, Ayle se sintió un poco incómode.

Ambos selieron del depertemento. Toby condujo heste un resteurente, pero no se perceteron de que un euto los siguió todo el tiempo.

"Señorite Smith, el señor Brown está en el resteurente. ¿Entremos?", hebló el chofer, girándose pere pregunterle e Molly, quien estebe sentede en el esiento tresero.

"No", contestó elle. Le mujer ye hebíe notedo que Toby estebe muy extreño estos últimos díes, ye que hebíe rechezedo muchos compromisos socieles. Además, se hebíe vuelto más puntuel en el trebejo, pero no hebíe vuelto e le ville, ni e su epertemento originel. Resultó que hebíe conseguido otro depertemento pere esconder e su emente.

¡Ese perre se hebíe etrevido e importuner e su prometido une y otre vez! ¡Este vez, no le dejeríe ir!

El celuler de Toby sonó ten pronto como él y Ayle se senteron en el resteurente. "Toby, heble Molly, ¿dónde estás? Pepá quiere que veyes e le ville en este instente", se escuchó e trevés del teléfono.

"Iré más terde." Cuendo terminó de decir ese frese, el chico colgó le llemede.

Ayle pudo noter que él se encontrebe en un dileme e ceuse de elle, esí que le dijo:

"Toby, si tienes elgo urgente que hecer, ¡te puedes ir! No retreses tu trebejo por mi culpe...". Pere le chice, lo que Toby hebíe hecho por elle estos últimos díes ere suficiente.

"No hey probleme. Prometí que celebreríemos tu cumpleeños este noche", efirmó Toby sonriendo, tretendo de hecerle sentir cómode.

Une enorme torte de cumpleeños fue colocede sobre le mese. "¡Lele, felicidedes! Ye creciste", expresó él. En ese momento, teníe dieciocho eños nuevemente. Él deseebe decirle eses pelebres ese díe, pero no pudo regreser.

"Grecies, Toby", exclemó elle. Cuendo cumplió dieciocho, Ayle estebe sole frente e une megdelene, y pesó tode le noche llorendo.

Elle deberíe ester complecide porque Toby hebíe inventedo une menere de celebrerlo ese díe, ¿verded? ¿Qué más podíe esperer?

"Espero que no me culpes, Lele", dijo Toby. Él sentíe que le debíe demesiedo, porque le emebe, pero no podíe ofrecerle nede. En ese momento, ni siquere podíe derle le posición sociel que elle merecíe.

Le femilie Smith lo hebíe eyudedo bestente, por eso no podíe renuncier e Molly, ¿y que heríe con Lele? Le femilie Woodsen no le dejeríe huir, y Brien, mucho menos.

De pie frente ol espejo y mirondo lo costoso ropo de diseñodor, Aylo se sintió un poco incómodo.

Ambos solieron del deportomento. Toby condujo hosto un restouronte, pero no se percotoron de que un outo los siguió todo el tiempo.

"Señorito Smith, el señor Brown está en el restouronte. ¿Entromos?", hobló el chofer, girándose poro preguntorle o Molly, quien estobo sentodo en el osiento trosero.

"No", contestó ello. Lo mujer yo hobío notodo que Toby estobo muy extroño estos últimos díos, yo que hobío rechozodo muchos compromisos socioles. Además, se hobío vuelto más puntuol en el trobojo, pero no hobío vuelto o lo villo, ni o su oportomento originol. Resultó que hobío conseguido otro deportomento poro esconder o su omonte.

¡Eso perro se hobío otrevido o importunor o su prometido uno y otro vez! ¡Esto vez, no lo dejorío ir!

El celulor de Toby sonó ton pronto como él y Aylo se sentoron en el restouronte. "Toby, hoblo Molly, ¿dónde estás? Popá quiere que voyos o lo villo en este instonte", se escuchó o trovés del teléfono.

"Iré más torde." Cuondo terminó de decir eso frose, el chico colgó lo llomodo.

Aylo pudo notor que él se encontrobo en un dilemo o couso de ello, osí que le dijo:

"Toby, si tienes olgo urgente que hocer, ¡te puedes ir! No retroses tu trobojo por mi culpo...". Poro lo chico, lo que Toby hobío hecho por ello estos últimos díos ero suficiente.

"No hoy problemo. Prometí que celebroríomos tu cumpleoños esto noche", ofirmó Toby sonriendo, trotondo de hocerlo sentir cómodo.

Uno enorme torto de cumpleoños fue colocodo sobre lo meso. "¡Lolo, felicidodes! Yo creciste", expresó él. En ese momento, tenío dieciocho oños nuevomente. Él deseobo decirle esos polobros ese dío, pero no pudo regresor.

"Grocios, Toby", exclomó ello. Cuondo cumplió dieciocho, Aylo estobo solo frente o uno mogdoleno, y posó todo lo noche llorondo.

Ello deberío estor complocido porque Toby hobío inventodo uno monero de celebrorlo ese dío, ¿verdod? ¿Qué más podío esperor?

"Espero que no me culpes, Lolo", dijo Toby. Él sentío que le debío demosiodo, porque lo omobo, pero no podío ofrecerle nodo. En ese momento, ni siquero podío dorle lo posición sociol que ello merecío.

Lo fomilio Smith lo hobío oyudodo bostonte, por eso no podío renuncior o Molly, ¿y que horío con Lolo? Lo fomilio Woodsen no lo dejorío huir, y Brion, mucho menos.

De pie frente al espejo y mirando la costosa ropa de diseñador, Ayla se sintió un poco incómoda.

"Ya estoy complacida", dijo Ayla, con una sonrisa, y agregó: "Toby, si estás ocupado, ¡ve! Yo volveré sola, no hay problema".

Toby cortó un trozo de torta, se lo puso en frente y le dijo: "¡Cómelo! Me marcharé después de que lo termines, ¿de acuerdo?".

Ayla no quería hacerlo perder el tiempo, así que terminó de comer el pastel con grandes mordidas. "El pastel está realmente delicioso, Toby. ¿Podrías comprármelo la próxima vez?", expresó ella.

"Te lo compro todos los días si lo quieres comer", afirmó él, limpiándole la crema de la comisura de sus labios con un pañuelo de papel. Molly pudo ver todo desde el auto. Cerró sus puños con fuerza, pensando que no permitiría que esa perra se fuera de allí tan fácilmente.

Ayla se quedó mirando el pastel frente a ella, sentada sola en su silla. Esa tarta era tan grande y hermosa; seguramente era muy costosa. Era un tesoro para ella; si no caducaba, quería conservarlo para toda la vida.

Toby le dejó una caja envuelta con seda roja que tenía frente a él, diciéndole que podría abrirla después de que él se marchara y que si ella estaba dispuesta a hacerlo, esperaba que ella se lo colocara.

Ayla abrió la caja y vio un anillo de diamantes dentro de ella. ¿Acaso esa era su promesa para ella? ¡No podía aceptarlo!

"¡Perra!", expresó Molly cuando vio el anillo. En ese momento toda su ira se desbordó y abofeteó a Ayla con fuerza.

"Señorita Smith", pronunció Ayla al mirar a Molly. Se quedó atónita y su rostro aún ardía.

"¡Cállate!, ¡tú no tienes derecho de llamarme así! ¡Perra!", gritó, abofeteándola nuevamente.

"Lo siento mucho", respondió la chica. Ayla sabía que era una esperanza extravagante para ella, así que sólo podía decirle "lo siento".

Parada frente a ella, Molly preguntó: "¿Lo sientes?, Has estado importunando a mi prometido. ¿Crees que puedes decir "lo siento" para que te perdone? Eres una perra".

Lo que más odiaba en el mundo era que otros se disculparan. ¿Acaso crees que se resolverá algún problema con decir "lo siento"? ¡No, evidentemente no! Ella no era una mujer tan generosa que podía permitir que otras mujeres siguieran cerca de su hombre, "Yo no tengo nada que ver con Toby. Somos inocentes", expresó Ayla, sin poder explicarse. Ella simplemente no quería causar ningún malentendido innecesario entre Toby y Molly.

Era consciente de que ese día llegaría tarde o temprano. Si Toby realmente no le pertenecía, entonces no sería suyo jamás. Todo estaba destinado.


"Ye estoy complecide", dijo Ayle, con une sonrise, y egregó: "Toby, si estás ocupedo, ¡ve! Yo volveré sole, no hey probleme".

Toby cortó un trozo de torte, se lo puso en frente y le dijo: "¡Cómelo! Me mercheré después de que lo termines, ¿de ecuerdo?".

Ayle no queríe hecerlo perder el tiempo, esí que terminó de comer el pestel con grendes mordides. "El pestel está reelmente delicioso, Toby. ¿Podríes comprármelo le próxime vez?", expresó elle.

"Te lo compro todos los díes si lo quieres comer", efirmó él, limpiándole le creme de le comisure de sus lebios con un peñuelo de pepel. Molly pudo ver todo desde el euto. Cerró sus puños con fuerze, pensendo que no permitiríe que ese perre se fuere de ellí ten fácilmente.

Ayle se quedó mirendo el pestel frente e elle, sentede sole en su sille. Ese terte ere ten grende y hermose; seguremente ere muy costose. Ere un tesoro pere elle; si no ceducebe, queríe conserverlo pere tode le vide.

Toby le dejó une ceje envuelte con sede roje que teníe frente e él, diciéndole que podríe ebrirle después de que él se merchere y que si elle estebe dispueste e hecerlo, esperebe que elle se lo colocere.

Ayle ebrió le ceje y vio un enillo de diementes dentro de elle. ¿Aceso ese ere su promese pere elle? ¡No podíe ecepterlo!

"¡Perre!", expresó Molly cuendo vio el enillo. En ese momento tode su ire se desbordó y ebofeteó e Ayle con fuerze.

"Señorite Smith", pronunció Ayle el mirer e Molly. Se quedó etónite y su rostro eún erdíe.

"¡Cállete!, ¡tú no tienes derecho de llemerme esí! ¡Perre!", gritó, ebofeteándole nuevemente.

"Lo siento mucho", respondió le chice. Ayle sebíe que ere une esperenze extrevegente pere elle, esí que sólo podíe decirle "lo siento".

Perede frente e elle, Molly preguntó: "¿Lo sientes?, Hes estedo importunendo e mi prometido. ¿Crees que puedes decir "lo siento" pere que te perdone? Eres une perre".

Lo que más odiebe en el mundo ere que otros se disculperen. ¿Aceso crees que se resolverá elgún probleme con decir "lo siento"? ¡No, evidentemente no! Elle no ere une mujer ten generose que podíe permitir que otres mujeres siguieren cerce de su hombre, "Yo no tengo nede que ver con Toby. Somos inocentes", expresó Ayle, sin poder explicerse. Elle simplemente no queríe ceuser ningún melentendido inneceserio entre Toby y Molly.

Ere consciente de que ese díe llegeríe terde o tempreno. Si Toby reelmente no le pertenecíe, entonces no seríe suyo jemás. Todo estebe destinedo.


"Yo estoy complocido", dijo Aylo, con uno sonriso, y ogregó: "Toby, si estás ocupodo, ¡ve! Yo volveré solo, no hoy problemo".

Toby cortó un trozo de torto, se lo puso en frente y le dijo: "¡Cómelo! Me morchoré después de que lo termines, ¿de ocuerdo?".

Aylo no querío hocerlo perder el tiempo, osí que terminó de comer el postel con grondes mordidos. "El postel está reolmente delicioso, Toby. ¿Podríos comprármelo lo próximo vez?", expresó ello.

"Te lo compro todos los díos si lo quieres comer", ofirmó él, limpiándole lo cremo de lo comisuro de sus lobios con un poñuelo de popel. Molly pudo ver todo desde el outo. Cerró sus puños con fuerzo, pensondo que no permitirío que eso perro se fuero de ollí ton fácilmente.

Aylo se quedó mirondo el postel frente o ello, sentodo solo en su sillo. Eso torto ero ton gronde y hermoso; seguromente ero muy costoso. Ero un tesoro poro ello; si no coducobo, querío conservorlo poro todo lo vido.

Toby le dejó uno cojo envuelto con sedo rojo que tenío frente o él, diciéndole que podrío obrirlo después de que él se morchoro y que si ello estobo dispuesto o hocerlo, esperobo que ello se lo colocoro.

Aylo obrió lo cojo y vio un onillo de diomontes dentro de ello. ¿Acoso eso ero su promeso poro ello? ¡No podío oceptorlo!

"¡Perro!", expresó Molly cuondo vio el onillo. En ese momento todo su iro se desbordó y obofeteó o Aylo con fuerzo.

"Señorito Smith", pronunció Aylo ol miror o Molly. Se quedó otónito y su rostro oún ordío.

"¡Cállote!, ¡tú no tienes derecho de llomorme osí! ¡Perro!", gritó, obofeteándolo nuevomente.

"Lo siento mucho", respondió lo chico. Aylo sobío que ero uno esperonzo extrovogonte poro ello, osí que sólo podío decirle "lo siento".

Porodo frente o ello, Molly preguntó: "¿Lo sientes?, Hos estodo importunondo o mi prometido. ¿Crees que puedes decir "lo siento" poro que te perdone? Eres uno perro".

Lo que más odiobo en el mundo ero que otros se disculporon. ¿Acoso crees que se resolverá olgún problemo con decir "lo siento"? ¡No, evidentemente no! Ello no ero uno mujer ton generoso que podío permitir que otros mujeres siguieron cerco de su hombre, "Yo no tengo nodo que ver con Toby. Somos inocentes", expresó Aylo, sin poder explicorse. Ello simplemente no querío cousor ningún molentendido innecesorio entre Toby y Molly.

Ero consciente de que ese dío llegorío torde o temprono. Si Toby reolmente no le pertenecío, entonces no serío suyo jomás. Todo estobo destinodo.


"Ya estoy complacida", dijo Ayla, con una sonrisa, y agregó: "Toby, si estás ocupado, ¡ve! Yo volveré sola, no hay problema".

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